Cuestión de suerte

Aunque pueda sonar absurdo: En un árbol hay siete perdices, llega un cazador y mata dos ¿cuántas perdices quedan en el árbol?... Ninguna, las demás han huido debido al disparo… ¿Qué da una vaca flaca?... ¡Lástima!... Una oca y un perro nacen a la vez, al cabo de un año ¿quién será mayor?... ¡La oca, por supuesto, porque tendrá un año y pico!... Pero, ahora en serio: ¿Cuántos años puede llegar a vivir un pato?... Supongo que tantos como tiempo se tarde en querer meterlo en la cazuela… En el fondo, es como todo, tan sólo cuestión de suerte… Suerte, que palabra tan extraña, hay quienes incluso se atreven a dudar de su existencia asegurando que es tan sólo el resultado de un esfuerzo diario; aunque, ¿a eso no se le llama más bien recoger los frutos?. La suerte es otra cosa, algo impredecible, esquivo y caprichoso. Algo que llega de repente de la misma forma en que se va, algo con lo que nos tropezamos cuando menos lo esperamos y que juega con nosotros al despiste si tratamos de salir a su encuentro.
Conozco, mejor dicho, conocía un pato con suerte. Su fortuna pintaba tan negra como esas plumas que moteaban graciosamente sus alas blancas; cuando, de repente una visita inesperada en el momento más oportuno, cambió de forma drástica el rumbo de su destino. Cuentan que el siete es el número de la suerte, tras su indulto, siete fueron precisamente los años que vivió feliz en su jaula de oro; aunque, el futuro siempre es incierto, una mudanza de
Cuentan que el mejor cebo para atraer a la suerte es pensar siempre de forma positiva... ¿Será eso cierto?... ¡ni idea!... Algunos igual preferirían guardar en el cajón una pata de conejo, un treból de cuatro hojas, una herradura; en cualquier caso, nada mejor que la música para sacarnos de vez en cuando una sonrisa, ¿acaso hay mejor imán que tenerla pintada en la cara el mayor tiempo posible?. !Por mi parte que no quede!.