Man sana in corpore sano

Para colmo de males, no hay nada como sentarse en la inofensiva sala de espera de un médico de la seguridad social para que algún espíritu parlanchín se encapriche contigo y decida hacerte partícipe de sus muchas dolencias y numerosísimos achaques… Para aquellos momentos en los que preferirías poder evitar tal situación, solo cabe una alternativa, huir a toda prisa hacia el primer folleto informativo que se encuentre al alcance de la vista y leerlo como si en él se escondiera la respuesta a la pregunta del millón... ¿Quién me iba a decir que aquel impreso sobre alimentación y vida sana acabaría perdiéndome en un mar de pensamientos?...
El refranero, que es muy sabio, ya lo asegura: “an apple a day keeps the doctor away”; lo que viene a significar algo parecido a: “una manzana al día del médico te libraría”… Por lo visto, al icono del pecado se le atribuyen un sin fin de propiedades curativas: su poder astringente, diurético, depurativo, anticatarral y antienvejecimiento hacen de ella una fruta simbólica… ¡Vamos!, que aquello de “estoy más sana que una manzana” no es sólo cuestión de rima...
Su fama ya la precede desde bien atrás en la historia: ¿quién no ha oído hablar del mítico jardín de las Hespérides?, aquel mágico lugar repleto de árboles cargados de manzanas de oro capaces de otorgar a sus poseedores la vida eterna... ¿o de la manzana de la discordia?, aquella que sembró la semilla del mal y sirvió como detonante haciendo que ardiera Troya… ¡Vaya con la viva imagen bíblica de la tentación!, ¡con lo bien que viviríamos ahora todos si al membrillo de Adán le hubiera dado el antojo de comerse otra cosa!... Que se lo digan si no al bueno de Guillermo Tell, iba un día tan tranquilo paseando por el pueblo, cuando de repente… ¡zassss!, se vio obligado a disparar una flecha sobre una manzana colocada premeditadamente sobre la cabeza de su hijo, ¡menos mal que por aquel entonces todavía no se había inventado la sidra!... Por cierto, ¿no me habré olvidado de llamar ya membrillo al bueno de Adán, verdad?...
La vida de Newton también es rica en anécdotas, dicen que fue tras una buena siesta debajo de un manzano, después de un buen atracón de mermelada, de manzana !como no!, cuando la ley de la gravitación universal vio la luz por primera vez; muchos años después, Carl Sagan llegaba aún más lejos diciendo: “para hacer una tarta de manzana, primero tienes que crear todo un universo”… Aunque, para universo, el literario: ¿Qué hubiera sido de la famosa expedición a la isla del tesoro sin aquel momento de tensión en el que el protagonista se escondía del infame capitán en el interior de un barril de manzanas?... Neruda no iba a ser menos, ¡por algo le haría
Moraleja: “Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana y las intercambiamos, entonces ambos aún tendremos una manzana. Pero, si tú tienes una idea y yo tengo una idea y las intercambiamos, entonces ambos tendremos dos ideas” (Bernard Shaw)… Yo ya he intercambiado mi pensamiento, ¿intercambiáis vosotros lo que pensáis conmigo?... La pregunta es bien sencilla: ¿el pecado es comerse la manzana, o comérsela para tirar después su corazón?... En fin, por si no nos vemos antes, !Feliz fin de semana a todos!.