05 febrero 2008

Con Cierto Sentido

Hay que ver lo que nos puede costar a veces llegar a comprender determinadas frases formuladas, en teoría, con cierto sentido; y, la maestría con la que nos refugiamos inconscientemente en otras expresiones, en principio, del todo absurdas, pero bien repletas de significado... Lo que acabo de escribir, puede incluso sonar a trabalenguas; pero, pensarlo por un momento, ¿contradictorio o coherente?... Bueno, mejor será “no darle mucho al coco” con esto, hoy es lunes y lo que si puede resultar es contraproducente, os pondré un ejemplo que simplifique al máximo las cosas; y es que, podría pasarse uno la “noche entera en blanco” y no llegar a comprender del todo un enunciado tan simple como: “el tipo textual argumentativo tiene como foco contextual principal la valoración de las relaciones entre diversos conceptos”… ¿Mira que somos raros, verdad?, ¡debe ser que en el fondo disfrutamos complicándonos la existencia!.

No deja de ser curioso, en todo esto de “componer” a través de las palabras, hay quien tiene el don de engendrar textos que chirrían por si mismos ante nuestros sentidos como si de violines desafinados se tratara; y, por contra, hay quienes hacen de la “armonía” la guía que da sentido a sus muchas palabras… Pero, “por si las moscas”, mejor será que lo deje ya por hoy, “sin comerlo ni beberlo”, no quiero acabar “metiéndome en camisas de once baras” y que podáis acabar diciéndome que “os las estoy dando con queso”… Espero que no tengáis irremediablemente que “echaros una cabezada” después de leerme; por mi parte, ahora que "me he quedado más ancha que larga" (y es que acabo de darme cuenta, hoy no es lunes, es martes...), voy a ver si alcanzo a comprender al tipo ese argumentativo de antes, con algo de tiempo y un buen subrayador de "un color bien cantarín", igual hasta deja de enredarme y acabo dándole la razón en todo, como decía mi abuela, !para tí el duro y para mí las cinco pesetas!... !Que tipejo más pesado!.


Sólo una cosilla más… Perdonar si no puedo pasar a visitaros todo lo a menudo que me gustaría, he empezado a hacer obras en casa; y, como suele decirse, hay que poner en ello “toda la carne en el asador”… ¡Eso sí!, si a pesar de mis muchas e involuntarias ausencias, todavía hay gente que se tome la molestia de visitarme, seguro que “me engordo diez kilos” con vuestros comentarios, a la carne de antes no creo poder llegar a hincarle el diente… Nada más, espero que no acaben la Sagrada Familia antes que mi pequeño Home Sweet Home; aunque, “ahora que caigo”, se me ocurre que, si es verdad eso de que “las paredes oyen”… ¿que tal les sonará esto?...



08 enero 2008

Haciendo el indio

Me pregunto dónde habré estado metida durante todo este tiempo, ¿quizás se me tragó la tierra y acabo de ser consciente de ello?... Podría decirse que he estado haciendo el indio, en el buen sentido de la expresión, han sido ya muchas lunas las que me he mantenido ausente de este medio; aunque, según se mire, quizás no hayan sido tantas, tan sólo las justas y necesarias.

Extraña necesidad incontrolable es esa que nos impulsa de vez en cuando a desear respirar aire libre, a tratar de recuperar la armonía con nuestro espíritu, a romper momentáneamente con todas esas ataduras que nosotros mismos nos imponemos sin darnos apenas cuenta de ello. Extraña tribu es esta a la que pertenezco, presiento que en mi interior ya vuelve a sonar el repicar de los tambores, han aparecido, como de la nada, las primeras pinturas de guerra en mi rostro "pálido"; y, no sé bien cómo, mi intuición me cuenta que estoy preparada para volver a iniciarme en el bello deporte del tiro con arco… Si a alguno de vosotros os alcanza, alguna vez que otra, algunas de mis palabras hechas flechas, espero dar de lleno en la diana y ser capaz de entretejer con ellas nuevas telarañas que atrapen, aunque sólo sea por unos minutos, algunos de vuestros pensamientos más profundos.

"Cuenta la leyenda que cuando Iktomi, el gran maestro bromista de la sabiduría, adoptó forma de araña y terminó de hablar, le dio al anciano Lakota la red y le dijo:


-¿Ves? La telaraña es un círculo perfecto, pero en el centro hay un agujero. Usa la telaraña para ayudarte a ti mismo y a tu gente, para alcanzar tus metas y hacer buen uso de las ideas, sueños y visiones de los demás. Si tú crees en el gran espíritu, la telaraña atrapará tus buenas ideas y las malas se irán por el agujero.


El anciano Lakota, pasó su visión a su gente, y los indios Sioux usaron el Atrapasueños como la red de su vida. Éste se colgaba encima de la cama para escudriñar los sueños y visiones. Lo bueno de sus sueños era capturado en la telaraña de vida y enviado con ellos, lo malo de sus sueños escapaba a través del agujero en el centro de la red. Ellos creían que el Atrapasueños sostenía el futuro de su destino".


!Féliz año a todos!, espero que este 2008 sirva para que, en lugar de roncar vuestros sueños, tratéis de atraparlos con todas vuestras fuerzas... Para empezar, nada mejor que romper el silencio con algo de música... Con ella, a veces, incluso !sobran las palabras!.




04 octubre 2007

Cuestión de suerte

Según parece vivimos en la era de la comunicación, una época en la que el libre acceso a la información en Internet ha hecho posible que aquella famosa frase “el saber no ocupa lugar” cobre más sentido si cabe todavía. Ya no es necesario perderse entre las páginas de una arrinconada y polvorienta enciclopedia. Como por arte de magia, lo más difícil se vuelve lo más sencillo. Tan fácil como teclear un término de búsqueda y hacer un simple “clic” para adueñarnos de aquella respuesta que aparentaba ser inaccesible. Adivina, adivinanza: ¿qué tienen en común Buster Keaton, el calendario gregoriano, Rembrandt y el satélite Sputnik?... ¡Pues que va a ser!, ¡tan sólo una fecha!, ¡el 4 de octubre!, ¡para algo tenemos la wikipedia!... Lástima que la vida en sí misma sea toda ella una inmensa contradicción, ¿o acaso no resulta contradictorio que las preguntas más sencillas sean también las que se suelen quedar siempre sin una clara respuesta?.

Aunque pueda sonar absurdo: En un árbol hay siete perdices, llega un cazador y mata dos ¿cuántas perdices quedan en el árbol?... Ninguna, las demás han huido debido al disparo… ¿Qué da una vaca flaca?... ¡Lástima!... Una oca y un perro nacen a la vez, al cabo de un año ¿quién será mayor?... ¡La oca, por supuesto, porque tendrá un año y pico!... Pero, ahora en serio: ¿Cuántos años puede llegar a vivir un pato?... Supongo que tantos como tiempo se tarde en querer meterlo en la cazuela… En el fondo, es como todo, tan sólo cuestión de suerte… Suerte, que palabra tan extraña, hay quienes incluso se atreven a dudar de su existencia asegurando que es tan sólo el resultado de un esfuerzo diario; aunque, ¿a eso no se le llama más bien recoger los frutos?. La suerte es otra cosa, algo impredecible, esquivo y caprichoso. Algo que llega de repente de la misma forma en que se va, algo con lo que nos tropezamos cuando menos lo esperamos y que juega con nosotros al despiste si tratamos de salir a su encuentro.

Conozco, mejor dicho, conocía un pato con suerte. Su fortuna pintaba tan negra como esas plumas que moteaban graciosamente sus alas blancas; cuando, de repente una visita inesperada en el momento más oportuno, cambió de forma drástica el rumbo de su destino. Cuentan que el siete es el número de la suerte, tras su indulto, siete fueron precisamente los años que vivió feliz en su jaula de oro; aunque, el futuro siempre es incierto, una mudanza de 1100 kilómetros amenazaba de nuevo su existencia, ¿quién es el guapo que quiere un pato al que ya no se le puede hincar el diente?, ¡cuestión de buena suerte!, otra vez su buena estrella le sonreía, ya lo imaginábamos todos viajando sin maleta hacia tierras extremeñas; después de todo, el pato ya era como parte de la familia. Sin embargo, por algo dicen que la suerte cambia del mismo modo que cambian los vientos, lo que en siete años no pudieron las circunstancias, lo pudo un visón huido de una granja en apenas media hora. ¡Vamos!, ¡que el pato pasó a mejor vida!, ¿cuestión de mala suerte?... A la hora de la verdad, para bien o para mal, la suerte existe, incluso para aquellos que no han tenido aún la suerte de conocerla; es curioso, hasta quienes dudan de su existencia suelen echarla de menos de vez en cuando.


Cuentan que el mejor cebo para atraer a la suerte es pensar siempre de forma positiva... ¿Será eso cierto?... ¡ni idea!... Algunos igual preferirían guardar en el cajón una pata de conejo, un treból de cuatro hojas, una herradura; en cualquier caso, nada mejor que la música para sacarnos de vez en cuando una sonrisa, ¿acaso hay mejor imán que tenerla pintada en la cara el mayor tiempo posible?. !Por mi parte que no quede!.




04 septiembre 2007

No es tiempo de golondrinas

Llega Septiembre y con él todo parece echar de nuevo a andar. Al igual que hacen ellas, ahora me toca a mi también empezar con las acrobacias y encarar con el mejor ritmo posible el camino de regreso a la rutina. Hay que reconocerlo, hacer acrobacias es más su especialidad que la mía, cualquier ojo sensible sucumbe rápidamente a su elegante revoloteo repleto de curvas angulosas, a ese vuelo rasante que les permite saciar su sed sobre amplios espejos de agua. Tienen el don de cautivar nuestra mirada sin apenas despeinarse, sin que sus plumas se arremolinen ni tan siquiera un “pelín”; después de todo, ¿quizás no sea tan difícil volver a encarar la vuelta?... Es así de sencillo, cuando su despertador biológico les advierte que el otoño se acerca sigiloso, incrementan su compás alimentario durante algunos días, atraviesan por un período de inquietud que reaviva y desoxida sus mecanismos; y, finalmente, levantan el vuelo para continuar con su ciclo... Puede que todo consista solamente en eso, quizás sólo me haga falta un buen chute de vitaminas y un poco más de actividad extra para volver a calentar motores.

La migración de las golondrinas a África suele producirse en Septiembre indicando el final del verano. Casualidad, o no, este año el verano a mí también se me escapó volando; aunque, por más molestias que se tome el calendario en tratar de estirarlo aún un par de semanas más, lo cierto es que ya apenas quedan colgando carteles de “cerrado por vacaciones”, supongo que es buena hora también de comenzar a descolgar los míos... Con síndrome post-vacacional, o sin él, toca volver a apretar mi botón de “pause” y esperar a que mis casillas de tiempo se vayan ocupando poco a poco con todas aquellas actividades dejadas en suspenso un mes atrás; entre ellas, este pequeño rincón donde se pasean mis pensamientos... Sólo me queda ya volver a remontar el vuelo, volver a acostumbrarme de nuevo a la costumbre.


Imagino que Septiembre no viajará de vacío y traerá pequeños soplos de aire fresco a eso que llamamos “¿normalidad?”… Hasta entonces, !la música siempre hace más corta la espera!.




25 julio 2007

¿Una China sin murallas?

Que complicado es a veces todo esto de las tradiciones; por ejemplo: ¿qué pasaría si pusiéramos a un turista chino en Navidad debajo de un muérdago?, ¿se dejaría arrastrar por la magia de la cultura celta y repartiría besos sin complejos para asegurarse así de que el amor perdura?, ¿o seguiría fiel a sus principios, recogería el muérdago y saldría corriendo a venderlo en el “Todo a 1€” más cercano?... Nada más lejos de mi intención meterme con los chinos; aunque, una cosa si es bien cierta, en todo esto de las herencias culturales, cada uno defiende su propio patrimonio individual de la manera que cree más conveniente.

A fin de cuentas, supongo que todo es cuestión de “territorios” emocionales… Mientras que un occidental defiende abiertamente la postura de que besarse es algo natural, ¡la comunicación más viva!, ¡el lenguaje más universal!, ¡algo intrínseco a los genes!; a los esquimales no se les va tanto la fuerza por la boca, se limitan a frotarse la nariz olisqueándose al mismo tiempo las mejillas. Los fineses tampoco es que sean muy dados a romper el hielo con demostraciones afectivas de según que tipo; aunque, en India, ¡aquello ya es otro mundo!, ¡pasan directamente a las manos!, las juntan a la altura del pecho diciendo “namaste”, que viene a ser algo así como !Hola!... ¡Vamos!, que para muchas culturas el beso no es otra cosa que un producto “importado”; especialmente en China, ya se sabe que son muchos, !y mucho más dados a la exportación!: “Cualquier pareja que se bese delante de una cámara de vigilancia durante los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 puede verse sorprendida por la policía, ya que las cámaras detectarán este gesto amoroso como secuestro o robo"… ¿Una china sin murallas?. Hoy en día, las murallas físicas puede que sean las más fáciles de atravesar; pero, las barreras emocionales, ¡eso si son ya palabras mayores!... No cabe ninguna duda, existen algo más que "murallas" idiomáticas que salvar para acceder a China y a su gran mercado de besos.

No lo podemos negar, todos, sin excepción, somos mentes “cuadriculadas”, actuamos siempre en concordancia con la educación que hemos recibido, vivimos anestesiados por nuestras muchas costumbres adquiridas con el paso del tiempo... Con un panorama semejante, ¿quién es el valiente que se atreve a juzgar los pormenores de una cultura milenaria?... ¿quién es el guapo que se atreve a ponernos multas por la nuestra?...


A nadie se le escapa que, cuando te prohíben hacer algo es justamente cuando más ganas te entran de hacerlo. Eso es algo que sabemos desde bien pequeños, nos dicen: “!no os acerquéis al jarrón!”; y, como imanes, nos vamos de cabeza con él al suelo… Aunque, ya de mayorcitos, el encanto de lo prohibido no desaparece, ¡si acaso va en aumento!... Todos nos sentimos libres, dueños de nuestra irresponsabilidad, nos gusta comportamos como inocentes niños, sin deberes, ni obligaciones… ¡Prohibido prohibir!, bonito lema si no fuera porque es la perfecta utopía del niño malcriado; cuanto más reivindican sus derechos y cuanto más hacen uso de su libertad, menos ejercen los demás los suyos propios.




06 julio 2007

Dulce venganza

Decir adiós nunca es fácil, no importa el tiempo que lleves preparándote para tan duro trance, no importa si llevas un año o apenas unos días esperando a que llegue finalmente el momento de la partida, ni de si se trata de algo temporal o definitivo; el hecho es, que cuando algo es realmente especial para nosotros, siempre resulta complicado el instante de la despedida, siempre nos queda ese extraño sinsabor agridulce aderezado con la siempre presente impotencia.

Lo más fácil es echarle entonces la culpa al destino, pensar que es él el único responsable de la tan odiada separación; aunque, ¿no dicen que el destino es algo fabricado por nosotros mismos?... Quizás el responsable directo no sea algo etéreo, inmaterial, abstracto; puede que, de forma indirecta, seamos nosotros mismos los únicos que hemos dado forma a nuestro pequeño manojo de circunstancias. Mientras perdíamos el tiempo deshojando la margarita, no éramos conscientes de que, antes o después, sus pétalos se acabarían, sin dejarnos ya espacio a la reacción. La indecisión nos vuelve demasiado prudentes, paraliza nuestro ingenio hasta el punto de no buscar posibles soluciones a cada nuevo problema en potencia.

Lo cierto es, que aunque no pueda desprenderme de este rol que me toca interpretar, aún en contra de mi voluntad, no me siento particularmente responsable de esta forzosa despedida... Tratándose de vosotras, no sólo añoraré los momentos dulces que nos habéis querido brindar a cambio de bien poco, incluso sé que acabaré echando de menos esas contadas veces en las que, por cruzarme de repente en vuestro camino, me heríais a conciencia de poca gravedad aún a riesgo de vuestra propia existencia; vuestra fama de picaflor nunca fue un impedimento para nuestra convivencia, más bien al contrario. No nos dejéis con la miel en los labios; a partir de ahora, cuando os crucéis por mi camino, prometo no huir, prometo miraros con otros ojos mucho más amables.

Puede que nada esté perdido todavía, quizás no sean ellas las que se vayan, puede que tan sólo se desorienten… ¡Que alguien les haga un plano para que no se sigan perdiendo en su camino de vuelta a la colmena!... Las causas aún no están bien claras, pero empieza a ser un hecho comprobado en todo el mundo, se han dado ya casos de colmenas enteras extinguidas y de cientos de abejas que, tras salir en busca de polen y néctar, no regresan a sus panales. A este extraño fenómeno, ya lo han bautizado los expertos como “trastorno del colapso de la colonia”… El tema es más serio de lo que en principio aparenta ser: la miel puede importarse, la polinización natural NO… Otro ejemplo más de lo imprescindible que puede llegar a ser lo aparentemente insignificante. El más dulce adiós puede llegar a significar la más amarga de las ausencias… Prefiero pensar en que es un hecho pasajero, ¡siempre he sido más amiga de los reencuentros!.


20 de Marzo día sin carne, 21 de marzo día mundial forestal, 22 de marzo día mundial del agua, 5 de junio día mundial del medio ambiente, día mundial del urbanismo, 4 de Octubre día mundial de los animales, 22 de abril día de la tierra. 22 de septiembre día mundial sin autos, 8 de junio día mundial de los océanos, 16 de Septiembre día mundial del ozono, 11 septiembre día mundial de defensa de la biodiversidad… Si son necesarios tantos “días internacionales de…” ¿no deberíamos empezar a replantearnos todos sin excepción muchas más cosas?... Por cierto, la que no se va a ninguna parte soy yo, !bueno sí!... !a visitaros que ya hace tiempo que ando un poco desaparecida del blogspacio!... !Nos vemos!.





06 junio 2007

Desmemoria de elefante


Rebuscando en nuestra memoria siempre podemos encontrarnos con pequeñas historias sobreviviendo al paso del tiempo, ¿quién no tiene alguna que otra anécdota imborrable grabada entre sus muchos recuerdos, alguna vivencia dispuesta a reaparecer de repente ante nuestros ojos como si se tratara de una película antigua que hace tiempo que no vemos?… Me acuerdo de la primera y única vez que me llevaron al circo; a ciertas edades, hay cosas que, a pesar de su aparente sencillez, cuesta mucho trabajo poder explicar…

"Papa, papa, éstos no son los payasos de la tele... ¿Cómo que no?, fíjate bien, verás como si son los mismos... No, éstos son otros, ¿no ves que van vestidos de rojo?, !no son los de verdad!... !Si que lo son!, eso es sólo porque en la televisión salen en blanco y negro... No puede ser, no se puede estar en dos sitios al mismo tiempo, ¿cómo es que están aquí si a esta hora también están saliendo por la tele?... Tu míralos bien, ¿no ves que si son ellos?... Me estás engañando, !no lo son!... Al cabo de un buen rato, de camino a casa: tic, tac, tic, tac... !Calla ya!, ¿no ves que estás haciendo llorar a tu hermana?.., Es que eran los de mentira, no eran los payasos... !Esta es la última vez que os traigo al circo!, !en vez de pasarlo bien os ponéis a reñir!... !Se ha terminado el circo para siempre!".

Esto, ejemm, ejemm… ¿qué estaba yo diciendo?... ¡Ah, sí!, supongo que por aquella época tendría que haberme fijado más en los elefantes; después de todo, ¿a qué niño no le impresiona el enorme tamaño de un elefante?... Recuerdo que hace poco leí un curioso relato sobre ellos; en él se contaba como, tras cada actuación, era suficiente con una simple cadena unida a una estaca, clavada en el suelo apenas unos centímetros, para dejar anclado al animal por una de sus patas... Si son animales capaces de poder arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, ¿qué les impide arrancar la estaca y salir huyendo?, ¿qué extraño misterio les hace detenerse?... Probablemente, la respuesta lógica de un adulto sería la siguiente: ¡no escapan porque están amaestrados!... Posiblemente, la inquietud de un niño le llevaría a articular inocentemente la siguiente pregunta: y, si es verdad que están amaestrados, entonces ¿para qué los encadenan?... Ante la lógica aplastante de un niño, puede que no exista una respuesta lo suficientemente coherente, puede que sea sólo la costumbre la que les hace comportarse de ese modo tan dócil, tan manso... Los elefantes del circo no escapan porque han estado atados a una estaca desde que eran muy pequeños; tan sencillo como eso, no escapan porque en el fondo creen que no pueden hacerlo, su memoria les traiciona, aún tienen el recuerdo imborrable de la impotencia que les supuso el haberlo intentado una y otra vez sin éxito, la resignación de aquel día que aceptaron finalmente su destino.

En algún momento, seguro que el pequeño elefante empujó con todas sus fuerzas tratando de soltarse; a pesar de su esfuerzo, de todo su esfuerzo, no le sirvió para nada, no pudo conseguirlo, ni en ese momento, ni en los días posteriores... Lo peor de todo, es que jamás volvió a cuestionarse sus posibilidades, jamás volvió a poner a prueba toda su fuerza, se olvidó de que era sólo cuestión de tiempo el poder llegar a conseguirlo... ¿Quién no ha sufrido alguna que otra vez de esa malsana desmemoria de elefante?, vamos por el mundo atados a decenas de estacas que nos quitan libertad, nos hemos acostumbrado a grabar a diario en nuestro recuerdo un no puedo, no puedo, no puedo, y… ¡ya nunca podré!; simplemente, porque alguna vez probamos y no pudimos, ¡que difícil se nos hace ya volverlo a intentar!.


Suele decirse que recordar es fácil para quien tiene buena memoria y que olvidar es difícil para quien tiene buen corazón. Suele decirse que recordar es vivir, pero que nunca debemos vivir de los recuerdos. Suelen decirse tantas cosas… Pero, antes de que se me olvide, no está de más recordar que existe un cajón del olvido, un compartimiento donde poder dejar guardado para siempre todo lo que queremos hacer desaparecer de nuestra memoria; y, como la cosa hoy va de elefantes, aquí os dejo una canción suya que os hará recordar que la desmemoria, hoy día, también es necesaria...






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