26 septiembre 2006

El sindrome de la cucharilla

No consigo recordar dónde ni cuándo escuché decir que quitarse el sombrero era como dejar que a uno se le escaparan las ideas. Quizás por eso, porque mi cabeza siempre suele ir al descubierto, es que mis ideas siempre acaban levantando el vuelo incluso antes de que yo pueda terminar de contar hasta diez. En su mayor parte, suelen abandonarme sin remordimientos; aunque, por qué no admitirlo, !me gusta que así sea!... ¿Acaso sirve de algo tratar de retenerlas?, supongo que para poco más que para acabar encerrándose uno mismo en ese mundo subjetivo creado por sus propias frustraciones y fantasías. Es mejor dejarlas ir, permitirles seguir su rumbo para que así lleguen hasta donde a ellas les sea posible.

Llama la atención el contraste, hay personas capaces de quitarse siempre el “sombrero” ante cualquier dificultad, a veces incluso me asombra su capacidad para abrir su mente a los demás y hablar de ello con total naturalidad; sin embargo, hay otro tipo de personas que, ante cualquiera de sus problemas, ya sea grande o pequeño, y con la única fijación de no querer dejarse mostrar, parecen apretarse aún más el sombrero a rosca tal cual fuera una bombilla. En el primer caso, la comunicación es la reina; en el segundo la comunicación reina por su ausencia.

Supongo que es condición natural en los seres humanos resistirse a los cambios, ese es muchas veces nuestro mayor problema. Los cambios siempre asustan, pero no por ello hay que actuar de forma irracional y resistirse con todas las fuerzas a tratar de permanecer dentro de nuestro cascarón, ésa es siempre nuestra principal barrera para levantar el vuelo, un cascarón aparentemente frágil pero mucho más sólido e impermeable que una pared de cemento armado.

Dura misión para quien deba ejercer entonces de “cucharilla”, no es tarea fácil ir golpeando sutilmente el cascarón de la persona que aprecias hasta conseguir hacer que se agriete. Confieso que por esta vez tengo ganas de verlo romperse, aunque sólo sea para ver como empiezan a fluir libremente todos esos sentimientos encerrados en su mente. Las ideas que nos amargan, deben volar como hojas secas en el viento, condeno a aquellos que andan por el mundo con rastrillos y sacos tratando de atraparlas; de nada sirve tratar de retener el otoño en nuestro interior, en ocasiones es muy necesaria esa época de cambios. Ya está bien de llevar cascarones sobre los hombros, desbloquea tu mente y muestra de una vez lo que llevas dentro. Igual hasta tu mismo te sorprendes.

7 Cosquillas:

La cosquilla de Anonymous Istharb dice...

Gracias por tú comentario. Tengo cuatro sobrinos, y a veces, los regalaria, jajajaj, pero las menos.

Conozco a mas de uno/a que se encierran en si mismos cuando tienen un problema, es muy jodio ser la "cucharilla"

Un beso

11:52 a. m.  
La cosquilla de Blogger zooey dice...

Ahí me duele Alalluna, cómo me identifico yo a veces con ese cabezón de duro cascarón que se rumia las cosas para adentro y que se ve incapaz de abrir los labios para dejar escapar las palabras que buscan ser sonido.

A veces guardo cosas que duelen, y a veces al guardar las cosas hago que se duelan los demás. No sé de donde me viene, pero no es fácil, seguramente vendrá de las cosas que deja la infancia en tu carácter, así que sé comprensiva...pero no dejes de dar con la cucharilla golpecitos suaves, para ayudar a esas palabras.

Un abrazo

12:27 p. m.  
La cosquilla de Anonymous Carquinyol dice...

Yo creo que si no sueltas esas preocupaciones y miedos que te correen por dentro al final se te agria el caracter y entras en un círculo vicioso, te enfadas con quién sabes que no tiene culpa de nada y eso te crea más miedos y preocupaciones, y como en un Síndrome de China, tu nucleo como persona se hace cada vez más y más profundo.

Para evitar eso, yo llevo siempre un taladro conmigo!! Temblad HuevoSapiens, llega CarquinyolBerbikí!! brrrrrrrrrrrrr!!

1:40 p. m.  
La cosquilla de Anonymous Elena dice...

Ufff.. es que hay algunos a los cuales no hay que darles con la cucharilla, hay que darles con un martillo de 7 kilos... Los grosores del cascarón pueden ser muy variados....

2:13 p. m.  
La cosquilla de Anonymous midnightsong dice...

No siempre es bueno abrirse a la gente ... te lo digo por experiencia.
Normalmente tiene un efecto bastante bueno. Tú te abres y la gente se abre a tí también, pero otras veces abrirte a los demás puede hacer que se asusten o que se tomen las cosas como no son.
Hay que pensar muy bien las cosas antes de quitarte el sombrero ante alguien ... ¿Merece la pena hacerlo?

Un beso, Alallu.

3:16 p. m.  
La cosquilla de Blogger J.C. dice...

Me irrita la gente que anda como huevo frito por la vida. Tiran el cascarón a la basura para siempre y se olvidan de que vale callarse alguna vez.
A mi me gusta andar con la cucharita a cuestas. Me encanta agrietar cascarones queridos y adoro al que sabe darme el golpe justo para abrir el mío.

5:43 p. m.  
La cosquilla de Anonymous ángel dice...

conozco el tema... tengo muy cercana a una persona con un cascarón muy duro. Es de las que argumentan "no... ¿pero por qué?... por que no", pero por dentro guarda una ternura y un corazón de oro.
Yo he dejado de intentar romperlo, por que cada vez, cada día que pasa, se vuelve más traslúcido y puedo ver lo que hay en su interior y lo que veo me gusta.

10:23 p. m.  

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