07 agosto 2006

MANdanDOlo a distancia

Retrocedamos unos pocos años en el tiempo: Muy joven tiene uno que ser como para no acordarse de los incombustibles mandos a distancia digitales. Su funcionamiento era mucho más simple que el manual de instrucciones del mecanismo de un botijo; para que nos podamos entender, si a alguien le daba el antojo de querer cambiar de canal, tan sólo tenía que negociar con el alma inocente más cercana hasta convencerla de que se levantara e hiciera uso de su maravilloso dedo índice para pulsar el botón en cuestión. Pero, como suele decirse, los tiempos cambian que es una barbaridad y los avances tecnológicos ya se encargan de recordárnoslo.

Volvamos ahora al momento presente: Muy joven tiene uno que ser para no haberse tenido que enfrentar todavía al reto que supone el manejo de un mando a distancia multifunción. Su llegada al mundo era de esperar, teniendo en cuenta que cada hogar medio español suele tener más de cuatro mandos a distancia en casa; para que nos podamos entender, si un día cobraran vida y se rebelaran contra nosotros incluso puede que nos superaran en número. Y es que nadie lo puede negar, paradójicamente, hoy día todo es mucho más sencillo a la vez que complicado.

Esta claro que lo que para una determinada generación supone “comodidad” para otra determinada generación supone un verdadero “suplicio”. Que quieren encender la televisión, aprietan el botón, y… ¡zas! se enciende automáticamente el aire acondicionado, que quieren quitar el aire acondicionado porque es invierno y hay que reducir el gasto farmacéutico, pues… ¡zas! aprietan el botón y se dispara el mecanismo que enciende la radio. ¡Vamos!, que muchos acaban escuchando música en lugar de ver lo que ponen por la tele, y no precisamente para ponerse después a bailar de contentos.

Aunque, he aquí la cuestión, la verdadera pesadilla comienza cuando el mando se vuelve travieso y se cuela sin previo aviso entre las rendijas del sillón, cuando le da por desaparecer en esa pequeña dimensión paralela a la que también van a parar las monedas que se nos caen de los bolsillos. Es entonces, cuando el que antes lo criticó, ahora lo echa de menos y se desespera por recuperarlo. Quien lo entienda, ¡que me lo explique!. Cuando yo sea una abuelita, ¿de qué me quejaré yo?

2 Cosquillas:

La cosquilla de Anonymous Carquinyol dice...

Interesante reflexión (ahora miro a mis mandos con otros ojos y miraré de proteger más al Mando Único, el que me permite dominarlos a todos desde las tinieblas), pero lo que a mi me gustaría saber es...

¿Para cuándo un post sobre esa dimensión paralela de las cosas perdidas?

2:21 a. m.  
La cosquilla de Blogger Alalluna dice...

Lo tendré en cuenta, así cuando doña Inspiración esté de capa caida, al menos ya tendré un tema sobre el que poder escribir. Gracias por la sugerencia.

2:24 a. m.  

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